domingo, 12 de mayo de 2013

Después de un Sueño.


Epílogo.


Íbamos regresando a las casas desde el bosque.
Había sido un largo día  de caza, pero para nuestra recompensa, nadie volvía con las manos vacías.
Francisco y yo nos habíamos repartido un pavo silvestre en partes iguales, Ignacio y Sebastián se habían quedado con dos gallinas cada uno, ya que sus familias eran más numerosas, y tres puñados de arándanos que yo había encontrado.
La noche comenzaba a descender, y se veían diversos tonos del cielo.
-¿Qué parte de la clase no te quedó clara, niñita?- me dijo Francisco, haciendo brillar sus ojos pardos.
-Entendí todo.- dije, tratando de subir la mirada del suelo.- no me digas niñita.
-Y dime, niñita, ¿qué harás al llegar a casa?-
-¿Comer? Yo creo que esta ha sido una buena temporada, comparada con otros años.
-¿Qué sabes tú de otros años? ¿Cuantos años tienes? ¿18? no has visto…-
-Huesos.-dijo Ignacio, tomando uno delicadamente entre el pulgar y el índice
-¿Qué es eso?- dijo Sebastián, los huesos estaban rodeados de algo café rojizo, parecía greda.
-Hemos pasado mil y unas veces por este lugar, jamás los había visto.- dije yo
Yo y Francisco nos miramos, los demás, seguían observando con atención los huesos.
Caminábamos cerca de algo que seguramente fue un colegio…aun que…se veía destruido.
 El cielo, se oscurecía de manera opaca, las siete y se veía el cielo anaranjado rojizo, parecido al color de los huesos.