martes, 5 de noviembre de 2013

Mi fin de semana en Cien Palabras



Me sentía completa cuando sostenía tu mano, me mirabas a los ojos, te recostabas sobre mis piernas, y me decías “buenas noches” dándome un beso en la frente.
Me encontrabas en el café de ojos brillantes hallados en una habitación repleta de gente que no sabía ser infinita.
Creo que me acostumbré a tu regaloneo y ahora que no te tengo, lo único que quiero es volver a vivirlo, volver a pisar esa sala y volver a sentirme segura contigo, volver a cerrar los ojos y estar segura de que al abrirlos estarás mirándome con una sonrisa en los ojos.
  









Obra no. 1


Ella: Estoy bien ahora….¿Cuál es tu afán de hacerme sentir mal?
Él: No, no es eso.
Ella: Entonces… ¿Qué es? Estoy bien, tengo la gran parte de ti superada, pero…siempre, siempre en este punto llegas y lo arruinas todo.
Él: Camila…
Ella: Siempre, no importa lo que haga, porque tú de la nada apareces y haces que vuelvan todos estos sentimientos sentimientos hacia ti. Me ignoras completamente, no me diriges la palabra, pero…me miras, me sigues mirando a pesar de no hablarme, y tus miradas me meten duda.
Él: Y luego, una vez por semana olvido todo eso y te hablo.
Ella: Como si nada hubiese pasado.
Él: Y eso…¿Te molesta?
Ella: No me molesta, me duele y me confunde
Él: SI ya nada pasó, ¿Por qué te sigue gustando un pobre tipo que no te pesca y te hace sentir mal? ¿Por qué te sigues confundiendo conmigo?
Ella: Por la misma razón que tú respiras sabiendo de que te vas a morir. 

jueves, 6 de junio de 2013

Después de un Sueño, Cap. 1


-¿De verdad encontraron huesos?- Decía El viejo Luch.
El tenía rizos negros y espesos, parecidos a los de francisco pero en mayor cantidad.
-Y estaban cubiertos con algo…pareciera que llevaran años ahí, sin embargo pasamos ayer y no había nada. – dije, tratando de tener sumo cuidado con la información que le propinaba.
Francisco me reprochaba cada vez que hablaba sin tener todos los fundamentos, no eran de esos tipos a los que les gustaran demasiado las hipótesis, era más bien de los que pensaban y con lógica matemática proponían una respuesta sensata a lo que ocurría.
-Y, cambiando de tema, parece que te está yendo bien en esto de la caza. – Dijo mi madre, había ignorado por completo la presencia de ella en la mesa.
En la aldea en la que vivíamos, todos comíamos en dos mesas, los Monarche a la izquierda y los
Venantium en la otra.
Los Monarche éramos la “familia” menos numerosa, la que constaba de hechiceros en su mayoría, y yo, un defecto de fábrica sin poderes.
Éramos conocidos por nuestros cabellos oscuros como la noche y la piel blanca como la nieve, además de unos ojos grises.
Los Venantium eran la “familia” ruda, la que salía a cazar, los arqueros, los que hacían funcionar a la aldea, en general, los líderes.
Nosotros solo éramos el apoyo, nuestras mujeres cocinaban y los hombres hacían pócimas y se las entregaban a los cazadores en casos de accidentes, si los picaba una serpiente, si tenían hemorragia y demás.
Lo chistoso era que uno no podía vivir sin el otro, ya que si nosotros cazábamos podríamos perder bastante poder mágico y nos demoramos más en recuperar las fuerzas que los Venantium, que trabajan a fuerza bruta pero en los artes de quehaceres fracasaban, les faltaba paciencia.
Los Venantium al contrario de nosotros, tenían los cabellos de distintos colores, incluso habían jóvenes de cabellos blancos, su piel era aceitunada, bueno en realidad variaba bastante de su color de pelo, si eran pelirrojos o rubios o de cabellos blancos tenían una palidez parecida a la de nosotros, pero los ojos grises no se hacían notar en esa familia.
Solo habían ojos azules, negros, verdes o de un miel intenso, como los de Francisco.
María, mi madre, tenía el pelo negro azabache y liso, y al igual que yo, los ojos azules.
Era un fenómeno que los ojos azules se dieran en nuestra familia, así que yo y mi madre, siempre llamábamos bastante la atención
-¿Y? ¿Qué cazaron hoy? ¿Le disparaste a algo?- Decía mi madre, poniendo sus severos ojos zafiro en los míos.
-A un pavo…le di en un ojo.- dije, sin poder levantar la mirada del plato.
-¿Solo a uno?- me escudriñaba con la mirada, como si yo solo fuera una extraña más en esta mesa.
-Le fue bien para ser su primera vez, yo recuerdo cuando era niño y salía a cazar, no le había dado a nada y siempre volvía con las manos vacías- dijo Francisco con voz gélida, había terminado y llevaba su plato a la olla en donde se lavaban los utensilios.
Mi madre siempre me tiraba para abajo en todo lo que hacía, bueno, que más podría hacer la alfa con su hija que era la escoria de la tierra por ser una inútil en todo.
Me odio, me doy asco a mí misma.
¿Por qué la vida fue tan cruel conmigo? No tengo poderes, pienso demasiado lento, no tengo cualidades de líder.
No sé qué haría sin Francisco, si no fuera por él, nunca me habrían aceptado en la otra familia.
Hace dos semanas que él me viene preparando para salir a cazar, la caza, está prohibida para las mujeres, no porque sean frágiles, si no, porque son valiosas.
Los hombres, son entrenados para ser soldados, las mujeres para ser líderes.
Una de cada cien mujeres en la aldea resultaba ser la Oráculo.
En estos 205 años desde que existe esta aldea, hemos tenido a 5 de ellas.
La primera, Ginebra, la segunda, Adela, la tercera, Fárida, la cuarta Catrina y la quinta, y la que aún sigue viva Medeth.
Todas ellas han sido de Venantium.
 -Basta de pensar, y pongamos manos a la obra.- dijo Francisco, mi corazón dio un vuelco al darme cuenta de que yo había terminado de comer y estaba llevando el plato con las demás.
Tomó mi brazo y me llevó hacia la parte de atrás de la casa de Luch.

Luch era el armero, pertenecía a la familia Monarch, rizos negros azabaches y ojos grises.
-Vuelve a tomarte el pelo, me enferma verte con el pelo suelto.- dijo Luch, mirando más a Francisco que a mí.- deberías cortarlo.
Hice caso y me tome el pelo en una cola.
Tenia el pelo hasta la cintura, así que no había mucha diferencia entre tenerlo tomado y recogido, quedaba del mismo largo, o al menos eso creía yo.
Luch me arrojó un arco y un carcaj, con suerte pude agarrar el arco y el carcaj sin caerme.
-Ve más lento, no olvides que es solo una niña.- dijo Francisco, mirándolo fríamente.
-No soy una niña.- protesté.
-Para mí lo eres,  no tienes la suficiente práctica como para ser considerada una mujer.-
-La parejita, deje de pelear, o van a lograr hacer que mi úlcera explote y todo les salte en la cara.- dijo Luch.
Ese tipo era más simpático cuando no se trataba de entrenamientos.
Así avanzó la noche, hasta que tocaron las 2 de la mañana y me dejaron irme a dormir.

-Tu puntería es terrible.- Dijo Francisco, mientras caminábamos a casa.
-Nada que no se arregle con prácticas.- dije, mirando fijamente el piso  rodeado de pasto.
De repente, el se detuvo, mirándome a los ojos, me dijo.
-Tienes que ponerle empeño si no quieres que la reputación de la alfa baje.-
-¿Crees que estoy haciendo esto por ella?
-Estás haciendo esto gracias a mí y a Luch, créeme, Medeth y tu madre te lo habría negado rotundamente, aunque eso subiera la reputación de la alfa o demostrara que…- se quedó en silencio, el no sabía cómo decirlo sin que me “doliera”
-¿Qué no soy inútil?, créeme he tenido tantas veces esta conversación con ella que creo que lo tengo más claro de el agua, si soy inútil, seré inútil siempre, no importa lo que haga, no importa cuando pelee por ello, si no le agrado a la vida, me hundo. Agradezco tener un espíritu de superación, si no, me habría suicidado hace mucho. -
El se limitó a mirarme, en la noche, sus ojos brillaban más que en día.
-No te pido cerrarle la boca a nadie…Ivy… Si haces esto, hazlo por ti. No hagas nada estúpido hasta que lo logres.- Al haber terminado esas palabras nos separamos.

“Pude haberle contestado” me dije cuando llegué a la casa y me di cuenta de que mi madre seguía despierta, mirando el fuego.
El perfil de ella era de papel, nariz hermosa, respingada y perfecta, y los ojos azules que al mirar la vida del madero ardiendo se acunaban y reflejaban luz.


domingo, 12 de mayo de 2013

Después de un Sueño.


Epílogo.


Íbamos regresando a las casas desde el bosque.
Había sido un largo día  de caza, pero para nuestra recompensa, nadie volvía con las manos vacías.
Francisco y yo nos habíamos repartido un pavo silvestre en partes iguales, Ignacio y Sebastián se habían quedado con dos gallinas cada uno, ya que sus familias eran más numerosas, y tres puñados de arándanos que yo había encontrado.
La noche comenzaba a descender, y se veían diversos tonos del cielo.
-¿Qué parte de la clase no te quedó clara, niñita?- me dijo Francisco, haciendo brillar sus ojos pardos.
-Entendí todo.- dije, tratando de subir la mirada del suelo.- no me digas niñita.
-Y dime, niñita, ¿qué harás al llegar a casa?-
-¿Comer? Yo creo que esta ha sido una buena temporada, comparada con otros años.
-¿Qué sabes tú de otros años? ¿Cuantos años tienes? ¿18? no has visto…-
-Huesos.-dijo Ignacio, tomando uno delicadamente entre el pulgar y el índice
-¿Qué es eso?- dijo Sebastián, los huesos estaban rodeados de algo café rojizo, parecía greda.
-Hemos pasado mil y unas veces por este lugar, jamás los había visto.- dije yo
Yo y Francisco nos miramos, los demás, seguían observando con atención los huesos.
Caminábamos cerca de algo que seguramente fue un colegio…aun que…se veía destruido.
 El cielo, se oscurecía de manera opaca, las siete y se veía el cielo anaranjado rojizo, parecido al color de los huesos.